Los pequeños animales y nuestra alma

Toshiyuki Enoki (Japón, 1961) Sin título

Sueño con pequeños animales frecuentemente.

Generalmente, recuerdo poco, pero me queda la impresión emocional de haber sentido una gran ternura al acariciar el pelaje suave de un gato, una ratita o un perro. La mayoría de las veces, son gatos: las gatas de mi casa materna. Tengo la viva percepción del calor de sus pequeños cuerpitos, su suavidad y también, a veces, del latido rápido de sus corazones. Es un sentir muy particular, muy difícil de describir con palabras, como muchas de las experiencias que sólo se viven en los sueños con tanta intensidad. La ternura es un sentimiento de amor muy puro e incondicionado, que implica cuidado y protección hacia el otro. Verdaderamente, si uno lo piensa en profundidad, es misterioso y maravilloso que esta ternura y esta comunicación se de entre seres de reinos diferentes, entre el ser humano y los animales. Es cierto que el hombre es también un animal, pero cualitativamente, pertenece a otro reino.

Hace unos días, en los pensamientos un tanto abstractos que se captan durante un momento fugaz de silenciamiento mental, tuve la clarísima y extraña sensación de que lo que vive en el centro de mi cuerpo, es decir, en el corazón, es como un animalito pequeño, como un gato enrollado sobre sí que duerme ronroneando. Suena a una expresión poética, sin embargo, fue una sensación muy concreta. Al mismo tiempo, experimenté lo que es sentir que se tiene un centro: algo a la vez físico y espacial, como también espiritual. Una “sensación intuitiva” —si es que esto no es contradictorio— que después se desvaneció.

Esta semana, alguien me pidió que sacara un pequeño pichón de paloma que se había metido en su oficina. Preocupada por no apretarlo demasiado con mis manos, se me escapó varias veces hasta que, al final, lo pude atrapar. Su cuerpito tan pequeñito era tan cálido… podía sentir su corazoncito, así como el temblor palpitante que es propio de los pichones. Me sucedió también que vi unos peluches en la vidriera de un local, cuyo pelaje me evocaron esas sensaciones vividas en los sueños.

Entonces pensé (o más bien, recordé) que los animalitos pequeños (como los gatos, los perros, los ratones, los insectos, los pájaros y otros, como las ardillas, los cervatillos, las ovejas, conejos, etc.), en nuestro inconsciente colectivo, representan al alma, al sí mismo y por lo tanto, al corazón. Es aquello que aún no es del todo consciente y por ello, aparece bajo la forma de un animal. Es lo que debemos cuidar y proteger. Un animalito pequeño clama por cuidado, al igual que nuestra vida interior. Su clamor se reviste de la ternura, la inocencia, la fragilidad, la inofensividad y también, la vulnerabilidad.

Hace varios años atrás, tuve un sueño muy trascendente para mí. En él, un insecto (creo que un escarabajo) que yo acababa de salvar de morir, en retribución, me dio una especie de estrella tetraédrica (es decir, una estrella de seis puntas tridimensional) que estaba hecha de cuarzo rosa. Recuerdo bien la forma de la estrella. Me la dio y me dijo (sí, el insecto hablaba, aunque no sé si con palabras audibles): “Esto es lo que al final eres”. Unos años después, una persona que me ayudó en mi camino interior, al relatarle el sueño, me comentó que el insecto representa a esa luz interior que, en esta experiencia material, nos resulta insignificante y casi invisible. Haberlo salvado significa no haber permitido que esa luz muera. La estrella de cuarzo significa la realización espiritual a la que un día llegaré. La estrella de seis puntas, por otra parte, es un símbolo muy denso que siempre ha estado muy presente para mí.

Más allá de su costado salvaje e indómito, todos los animales nos evocan nuestra propia fragilidad y vulnerabilidad, así como la persistencia de la vida que siempre se ofrece, se da, sin pedir nada a cambio.

Escribo esto un domingo a la noche con la gatita subida a mi falda, ronroneano y buscano caricias. No siempre lo hace, no siempre busca estar conmigo, ya que no soy su humana predilecta. Quizás captó la esencia de lo que estaba escribiendo.

Cecilia Lammertyn

Publicado por

Cecilia Lammertyn

Escritora, redactora de contenido, correctora, editora... y filósofa emérita.

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